Hace 2008 años, nació mágicamente un bebé fecundado por la semilla divina del mismísimo Dios. De entre las implicaciones que este evento tendría y los milagros que este ser obró, cabe destacar la adaptación del calendario juliano, al gregoriano.
Podríamos decir que la mítica fundación de Roma quedó en segundo lugar, y el tiempo se comenzó a regir por el nacimiento de Jesucristo, eso sí, 1582 años después. Los acontecimientos históricos de gran relevancia han generado la creación de mediciones de tiempo basadas en dichos acontecimientos.
Roma dio origen al calendario juliano; Jesucristo al tan extendido calendario gregoriano; nada menos que la creación del mundo resultó en el calendario hebreo, para el que estamos en torno al año 5770; Mahoma y el inicio de su Hégida supusieron el nacimiento del calendario musulmán que hoy contabiliza 1430 años; otros movimientos como la revolución franceso o el fascismo en Italia crearon calendarios datados en el 1793 o 1922 d.c.; Sidartha Gautama provocó que los budistas estén viviendo en el 2549...
¿Y el pueblo vasco? ¿Qué ha pasado con un pueblo tan orgulloso? ¿Tan exclusivo? ¿Tan único? Tiene su propia cultura, un idioma tan antiguo que su origen está al nivel del Indoeuropeo, deportes genuinos, danzas exlusivas (aunque idénticas a las de los pueblos vecinos), su bandera, su himno y, de hecho, tenía su propio calendario, aunque no se sabe mucho al respecto. El caso es que este pueblo estaba esperando la llegada de su profeta, de algún acontecimiento que marcara un antes y un después...
Aunque puede que, al igual que con Jesucristo, se tarden 1582 años en darse cuenta de que el tiempo se tiene que regir de acuerdo a este gran evento, hace 24 años que Euskal Herria tiene un referente: nos encontramos en el....
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